Mi experiencia con el reflujo gastroesofágico oculto de mi bebé

Hoy quería compartir una historia muy especial: la del reflujo gastroesofágico de mi bebé y cómo conseguimos superarlo gracias a la lactancia y diferentes medidas higiénicas.

Nota: NO soy médico, por lo que si os pasa algo similar a nosotros os animo fuertemente a acudir a vuestro pediatra y seguir sus instrucciones.

¿Qué es el reflujo gastroesofágico?

Voy a intentar explicar sencillamente lo que es 🙂

El esófago desemboca al estómago, donde se hace la digestión. Entre el estómago y el esófago hay un pequeño músculo que permite retener el contenido del estómago e impedir que no vuelva a subir, llamado “cardia”. En los bebés, este músculo puede funcionar más o menos bien. En algunos bebés, el músculo no funciona nada bien, lo que hace que pueden regurgitar considerablemente. Además, algunos bebés regurgitan después de la toma y de forma visible, pero para otros bebés, la leche sube pero no llega a salir, el bebé vuelve a tragarla y luego vuelve a subir etc. Es lo que le pasaba a nuestra pequeña.

¿Cómo se diagnostica un reflujo gastroesofágico?

Se diagnostica de muchas formas, pero en nuestro caso, se diagnosticó sobre todo con los síntomas que tenía la peque:

  • Llanto inconsolable a cualquier día de la mañana, de la tarde o de la noche
  • Aliento a leche agria
  • Mastica constantemente
  • Lengua blanca
  • Tos
  • Se atraganta en posición horizontal
  • No aguanta la posición horizontal
  • Eructos dolorosos
  • Vomita varias horas después de las tomas una leche digerida, transparente con grumos
  • Se mete los dedos en la garganta como si intentará sacar algo de la garganta
  • Saliva en exceso

¿Qué hicimos?

Después de que la niña se empezó a atragantar en su Moisés una noche, pedí cita a mí pediatra. Ya llevábamos varios días con la niña llorando de forma excesiva pero no sabíamos que hacer. Nos dijo que debía tener reflujo, y que intentaríamos inclinar todo, desde su cuna al cambiador e intentar tener la a la vertical. Es lo que hicimos (aunque más tarde nos dimos cuenta que lo hicimos poco) pero no veíamos mucha mejoría. Nos recetó ranitidina y la niña mejoro mucho. Por desgracia, la mejoría sólo duró dos semanas. Después, volvió a sentirse incómoda.

1: El porteo

Yo estaba al límite: la niña ya tenía tres meses, seguia llorando constantemente día y noche, no dormía más de media hora de siesta y solo encima de mi. Me dolía todo el cuerpo (y también el alma hay que decirlo). Es cuando mirando en internet, descubrí el porteo y especialmente la mochila boba 4g. Descubrí más tarde que no era la más recomendable para bebés de menos de 6 meses, pero tengo que reconocer que en este momento, me salvó literalmente la vida: instalaba la niña en la mochila y al rato se quedaba dormida. Luego, empecé a formarme en porteo y compré fulares tejidos, donde la niña se echaba todas sus siestas.

2: Suprimir la proteína de la leche de vaca

La otra cosa que hice fue suprimir todos los productos lácteos y galactogenos. Lo hice por dos razones:

  • Yo no soporto la leche, me da unos dolores de tripa muy fuertes. Si como muchos lácteos, tampoco me siento muy cómoda de la tripa, por lo que he sospechado que a la mini le podría estar pasando algo similar, que tenga una pequeña intolerancia que agudice el reflujo y cólicos, por lo que quite directamente todos los productos con proteína de la leche de vaca. Gracias a esto, he notado una ligera mejoría.
  • La segunda razón es que tengo un reflejo de eyección fuerte. Cuando la mini mama, sale un chorro del pecho sólo, como si saliera de una manguera. Existen varias técnicas para reducirlo, una de ellas es suprimir varios alimentos, entre ellos los productos lácteos.

3: Seguir con la lactancia

A pesar de lo que te podrán decir, si tu bebé tiene reflujo y si puedes dar el pecho, es muy recomendable que sigas con la lactancia. La leche materna es un líquido fisiológico, y si vuelve a subir no dañará las vías respiratorias. La leche de fórmula puede dañar más la garganta y la nariz y producir inflamación del esófago u otros órganos.

Casi fracasé en la lactancia, pero al final seguí con ella y la verdad es que no tuvimos más consecuencias que la irritabilidad de la niña.

4: Paciencia

Por último, tener MUCHA paciencia y saber que en algún momento, eso acaba. Ha sido muy duro porque son muchos meses pero el reflujo mejora mucho a los seis meses, cuando se empiezan a sentar.

Si te ha gustado esta entrada y crees que puede ser útil a más mamás, ¡no dudes en compartirla!

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