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Cómo ser madre ha mejorado mi calidad de vida

Hoy, la mini cumple un año. Un año ya! Madre mía, ¡cómo pasa el tiempo!

He leido mucho y sigo leyendo articulos y libros sobre cómo la maternidad empeora la calidad de vida. La que más “escándalo” ha hecho es Samanta Villar con su libro “Madres hay más que una” (si te interesa leer su libro, lo puedes comprar aquí). Por Internet, puedes ver entrevistas y testimonios dónde dice, entre otras cosas:

Por ese motivo decidió contar la maternidad «de verdad», sin ocultar «la dureza, las dificultades extremas, los inconvenientes insoportables y el sacrificio estratosférico», porque como «nadie te cuenta lo que es en realidad la maternidad, tomas una decisión engañada». (Fuente)

En mi caso, he pensado lo mismo en los primeros meses de la mini. Antes de tenerla, era lo que se conoce en Estados Unidos como una “Workaholic”. Y creo que lo sigo siendo, pero de otra manera, de mejor manera diría yo.

Y no, no digo esto para fardar, ni para venderte nada. Creo de verdad que tener un hijo (o varios) puede ayudarte a mejorar tu vida. Y te voy a decir cómo, en mi caso ha mejorado mi vida.

1. Priorizas mejor

Este ha sido, en mi caso, el cambio más importante en mi vida. Siempre he sido malisima a la hora de priorizar las cosas que hacer, y en general, hacía las cosas más urgentes primero sobre lo más importante.

Vivía en un constante “apaga fuegos”

Con la maternidad, la verdad es que con la carga extra de trabajo que me ha supuesto, no podía aguantar este ritmo. Tenía que encargarme de este ser que dependía (y depende) totalmente de mí y mi papel de “apaga fuegos” no funcionaba

Así que tuve que cambiar. Hice análisis de mi trabajo, de lo más importante y de cómo lo podía sacar adelante. Y creo que he ganado en calidad de trabajo y en tranquilidad.

Priorizo. Organizo. Saco adelante.

Antes era : Llega el mail. Urgencia. Lo hago. Qué tengo que hacer. Me llaman. Hago. Ya no me acuerdo lo que tenía que hacer.

En fin, me has entendido.

2. Sacas de tu vida estas relaciones tóxicas

Cuando te conviertes en madre, tienes muy poco tiempo. Además, el hecho de tener un hijo te hace pensar en los valores que le quieres trasmitir. Estas dos cosas hacen que sacas rápidamente estás relaciones tóxicas que arrastras desde hace años. Y además de forma natural y sin ningún tipo de rancor.

3. Valoras de verdad lo importante

Antes de ser madre, a veces valoraba cosas que no eran realmente importante, como el trabajo. Pasaba tiempo en cosas inútiles. Me había distanciado con algunos seres queridos. Desde que soy madre, valoro más el ir despacio y pasar tiempo de calidad con los míos. Además, he reconectado con algunos seres queridos, que me han apoyado e intento apoyar todo lo que puedo.

4. Valoras y quieres más a tu pareja

Cuando llega un bebé, hay muchas parejas que se destruyen por completo, aveces porque se dan cuenta que no comparten nada sobre cómo criar a los hijos y de allí surgen discusiones constantes. Por supuesto, no voy a negar que en algunos momentos hemos discutido acerca de algunas decisiones que tomar, pero en general creo que tengo un marido que es un padre excepcional y mejor persona aún. Yo he hecho las cosas como me han salido, pero es verdad que muchas cosas sale de lo ‘habitual’: he porteado a mi peque muchísimas horas (y la sigo porteando), le sigo dando el pecho, hemos hecho la diversificación con baby led weaning, hemos colechado… En todas estas cosas, mi marido simplemente me ha dicho que el confiaba en mí y que si pensaba que era lo adecuado, adelante. Y eso que sé que en algunas cosas, el no estaba de acuerdo. Además, creo que tiene una relación excepcional con su hija, y aporta mucho a su educación. Cuando mi marido no está, la niña le busca por todos lados.

5. Aprendes cosas nuevas

A mí siempre me ha encantado aprender cosas nuevas. Y cuando me he convertido en madre, ha sido un mundo totalmente nuevo que se ha abierto a mí. Primero, cuando estaba embarazada, he aprendido sobre lactancia, como funciona el pecho, los beneficios y los principios de la lactancia materna. Luego, cuando nació la mini, aprendí sobre porteo, los diferentes tipos de fulares y mochilas, los nudos y demás. Y claro está, aprendo de mi mini todos los días.

6. Juzgas menos a los demás

Lo reconozco, antes de ser madre, era de estas personas que miraba mal a las mujeres que daban pecho en público. Decía “le puede dar un biberón de su leche, no pasa nada”. O esta madre que tenía a un niño llorando sin parar. Hasta que me convertí en madre y me di cuenta de que las cosas no eran tan fáciles. Desde que me convertí en madre, intento no juzgar a los demás, y menos a los padres. Pienso que cada uno intenta hacer lo mejor que puede a su manera. No intento pensar si lo hace bien o mal, lo hace y punto.

7. Ves más a largo plazo

Tengo un defecto muy grande: no sé si es por educación o por cómo soy, pero siempre me ha costado muchísimo ver a largo plazo. Sin embargo, desde que me he convertido en madre, estoy obligada en pensar en uno, dos, cinco o diez años para mi mini. Y eso me obliga a pensar en cómo quiero que sea mi vida personal y profesional a largo plazo.

8. Mandas “a freír espárragos” al que no le gusta

Cuando te conviertes en madre, parece que abres un camino donde todos pueden opinar de lo que haces. Qué si le das pecho o biberón, que sí lo abrigas mucho o poco, que si le porteas o le llevas un carrito… Y eso son algunos ejemplos. Parece que las madres lo hacemos todo mal. Al principio, tengo que reconocer que escuchaba los “consejos” que me daban (y claro, opinaban además sin tener ni idea). Pero según han ido pasando los meses, me he dado cuenta que los que mejor conocen a nuestra hija, somos nosotros, el padre y la madre. Qué no hago las cosas tan mal. Y he ganado en serenidad en mis decisiones.

Así que tras un año de crianza, puedo decir que tener un hijo ha mejorado considerablemente mi calidad de vida. Y tú ¿qué opinas? ¿Tener un hijo ha mejorado o ha empeorado tu calidad de vida?

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